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¿Puede la felicidad ser patológica?

  • Foto del escritor: Dr. Víctor Luis Figueroa Alvarado
    Dr. Víctor Luis Figueroa Alvarado
  • 2 dic
  • 4 Min. de lectura
Dados con cara felices y un dado con cara triste.
La búsqueda compulsiva de felicidad se asocia con una hiperactivación del sistema de recompensa cerebral, lo que incrementa la vulnerabilidad a conductas impulsivas.

La felicidad se ha convertido en un mandato moderno. Se exige, se mide, se compara. En redes sociales y en el trabajo y, pareciera que cualquier emoción distinta a la alegría es un error del sistema. Pero, ¿qué ocurre cuando ese ideal de bienestar constante se vuelve una fuente de sufrimiento? ¿Puede, en algunos casos, la felicidad (o la búsqueda frenética de ella) volverse patológica?

 

La dictadura del bienestar


Como psiquiatra, he observado cómo la cultura actual promueve una forma de euforia permanente. No se trata de un estado de paz interior o satisfacción profunda, sino de un impulso por mantener un nivel alto de dopamina emocional. Esta felicidad “obligatoria” puede derivar en conductas impulsivas, dependencia de estímulos, e incluso síntomas de tipo hipomaníaco.


La neurobiología lo explica bien: la dopamina, neurotransmisor central del placer y la motivación, se activa con las recompensas inmediatas (un logro, un “like”, una compra), pero su liberación constante produce habituación. Cuanto más se la busca, más difícil se vuelve alcanzarla. Es el mismo mecanismo que opera en las adicciones: una escalada de deseo y recompensa cada vez más breve.

 

¿La felicidad puede ser un síntoma?


La manía (fase alta del trastorno bipolar) es, quizá, la manifestación clínica más evidente de una “felicidad patológica”. Durante esos episodios, la persona experimenta un bienestar exagerado, una confianza desbordante y una sensación de energía inagotable. Pero detrás de esa euforia hay desregulación neuroquímica, impulsividad, insomnio y pérdida de juicio. El cerebro, literalmente, está encendido de más.


A menor escala, también vemos versiones sociales de esta manía funcional: individuos hiperproductivos, adictos al rendimiento, que no se permiten descansar ni entristecerse. Personas que, bajo el discurso de la motivación, están sostenidas por cortisol y cafeína, y que interpretan cualquier pausa como un fracaso emocional.


No es casual que estudios recientes hayan mostrado una asociación entre el exceso de optimismo irreal y la toma de decisiones de alto riesgo, tanto financieros como relacionales (Johnson et al., Nature Human Behaviour, 2022).

 

El mercado emocional


La industria del bienestar ha sabido capitalizar esta ansiedad por ser felices. Desde suplementos hasta retiros espirituales y gadgets que prometen medir la felicidad, se ha creado una economía basada en el miedo a la infelicidad. La OMS estima que, paradójicamente, mientras más crece la inversión en productos de bienestar, más aumentan los índices globales de ansiedad y depresión (OMS, 2023).


No se trata de negar el valor de la psicología positiva o de las prácticas de autocuidado, sino de reconocer que su sobreuso puede desvirtuar el propósito: no estamos diseñados para sentir placer todo el tiempo. La tristeza, el aburrimiento y el malestar son emociones evolutivamente necesarias. Son sistemas de señal: nos informan que algo no está bien o que necesitamos cambiar de rumbo.

 

El cerebro y el equilibrio emocional


La felicidad no es un estado permanente, sino un equilibrio dinámico entre sistemas cerebrales. La serotonina estabiliza el ánimo, la dopamina impulsa la motivación y la oxitocina refuerza los vínculos sociales. Una felicidad sostenida en la dopamina (sin balance con serotonina y oxitocina) se convierte en excitación pura, una “felicidad sin raíz”.


Estudios de neuroimagen muestran que las personas que practican gratitud y aceptación activan la corteza prefrontal medial, área asociada con la regulación emocional y la empatía. En cambio, quienes persiguen el placer constante muestran mayor activación del núcleo accumbens, asociado al circuito de recompensa (Kringelbach & Berridge, Trends in Cognitive Sciences, 2021).

Es decir: la verdadera felicidad no se busca, se regula.

 

El bienestar puede convertirse en tiranía


En consulta, escucho cada vez más frases como “no quiero volver a sentirme mal nunca más” o “quiero estar feliz todo el tiempo”. Esta expectativa, aunque comprensible, es imposible y contraproducente. La salud mental no es la ausencia de emociones difíciles, sino la capacidad de transitarlas sin quedar atrapados en ellas. Incluso desde la perspectiva filosófica, Aristóteles hablaba de eudaimonía, una felicidad basada en el propósito y la virtud, no en el placer momentáneo.


El problema no es querer ser feliz, sino creer que la felicidad debe ser continua. Esa presión emocional puede conducir a cuadros de ansiedad, depresión reactiva o insatisfacción crónica, donde la persona no sufre por lo que tiene, sino por lo que cree que debería sentir.


Entonces


La felicidad puede volverse patológica cuando deja de ser una emoción y se transforma en una exigencia. Cuando se convierte en un indicador de valor personal o en una meta medible, deja de nutrirnos y empieza a consumirnos.

Como sociedad, necesitamos recuperar el derecho a estar tristes, a aburrirnos, a no rendir todo el tiempo. En ese espacio imperfecto y humano es donde el cerebro se reorganiza, donde la mente descansa y donde, paradójicamente, florece la felicidad más real: la que no se persigue, sino la que se encuentra cuando dejamos de buscarla.

 

Referencias


  • Johnson, S. L., Carver, C. S., & Baird, D. (2022). Excessive positivity and risk-taking: The double-edged nature of optimism. Nature Human Behaviour, 6(5), 610–618.

  • Kringelbach, M. L., & Berridge, K. C. (2021). Towards a neuroscience of well-being: Mechanisms of pleasure and happiness. Trends in Cognitive Sciences, 25(5), 327–340.

  • Organización Mundial de la Salud (OMS). (2023). Informe mundial sobre salud mental 2023.

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (DSM-5-TR).

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