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La salud mental está en un lugar diferente al que siempre has creído

  • Foto del escritor: Dr. Víctor Luis Figueroa Alvarado
    Dr. Víctor Luis Figueroa Alvarado
  • 21 oct
  • 3 Min. de lectura
Una mujer alzando los brazos.
Cuidar la salud mental es entender que cuerpo, mente y entorno hablan el mismo idioma; cada elección cotidiana puede sanar o alterar tu bienestar.

Siempre hemos creído que hablar de salud mental era hablar de depresión, ansiedad o estrés. Pero la salud mental no empieza cuando algo se daña, sino mucho antes: en la forma en que duermes, comes, respiras, te relacionas y te hablas a ti mismo. No es un tema exclusivo de la psicología, sino una forma de entender la vida.


La mente no flota en el aire: vive en tu cuerpo, en tus hábitos y en la manera en que tu entorno te enseña a responder. Cada hora de sueño, cada conversación, cada alimento y cada pensamiento son mensajes que tu sistema nervioso traduce en química.


La salud mental es, en esencia, el equilibrio entre lo que pasa dentro de ti y lo que ocurre afuera.


Lo que nunca te contaron


Nos enseñaron a pensar la salud mental como algo que “se tiene” o “se pierde”, pero en realidad es un proceso que se entrena.

Tu cerebro cambia cada día: crea y elimina conexiones según lo que vives, sientes y repites. Por eso, cuidar la mente no es un acto puntual, es un entrenamiento continuo.


El estrés, la ansiedad o la depresión no son fallas del carácter. Son lenguajes del cuerpo que te avisan que el sistema está fuera de balance. Y ese equilibrio no se alcanza con frases motivacionales, sino con ciencia y constancia.


  • Dormir bien regula la memoria emocional y permite que el cerebro clasifique lo que importa y descarte lo que no.

  • Una alimentación equilibrada aporta los nutrientes con los que tu mente fabrica neurotransmisores; sin ellos, la regulación emocional se resquebraja.

  • El ejercicio físico no es solo para el cuerpo: es uno de los antidepresivos naturales más potentes, porque activa los mismos circuitos cerebrales implicados en el placer y la motivación.

  • Las relaciones sociales son el espejo donde el cerebro aprende a calmarse: un abrazo, una conversación o una mirada reducen el cortisol más que muchas terapias químicas.

  • La meditación (o cualquier práctica de pausa consciente) no busca vaciarte, sino enseñarte a quedarte contigo mismo sin huir de lo que sientes.


Estos pilares no son accesorios: son la base sobre la que se sostiene cualquier equilibrio emocional. Sin ellos, ningún tratamiento, terapia o técnica puede sostenerse del todo.


Lo que no ves


Tu salud mental también depende de lo invisible: del aire que respiras, de la calidad de la luz que recibes, del ruido constante y de la velocidad con la que vives. No está aislada del cuerpo ni del entorno. Lo que ocurre en el intestino afecta la mente, y lo que ocurre en las relaciones modifica el cerebro.


Amar, perder, tener miedo o sentir culpa son procesos tan biológicos como emocionales. Cada experiencia deja huellas que, con el tiempo, moldean cómo piensas y cómo te sientes.


Vivimos en una época donde el malestar se disfraza de productividad. Donde dormir poco parece símbolo de éxito, comer rápido es normal, y vivir en alerta es lo esperado. Pero el bienestar no es ausencia de caos, sino la capacidad de volver al equilibrio sin romperte en el intento.


El giro que necesitamos


La verdadera revolución en salud mental no vendrá de un nuevo diagnóstico, un fármaco ni de una aplicación para medir tus emociones. Vendrá cuando entendamos que la mente no se cura solo hablando de ella, sino cuidando todo lo que la sostiene:


  • Cuando eliges descansar en lugar de rendirte al insomnio.

  • Cuando comes con atención en lugar de hacerlo por costumbre.

  • Cuando te mueves, hablas, respiras y te permites estar.


Lo más importante que debes saber es que ya la estás construyendo (o desgastando) cada día, en los gestos más simples.


La salud mental no empieza en el consultorio ni termina en la terapia. Empieza en la rutina, en los vínculos y en la forma en que te habitas. Tu respiración, tu postura, tu forma de mirar a otros y a ti mismo. Todo cuenta.



Un grupo de personas sonriendo.

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