top of page

No es la pastilla, es todo lo que creemos que significa

  • Foto del escritor: Dr. Víctor Luis Figueroa Alvarado
    Dr. Víctor Luis Figueroa Alvarado
  • 9 sept
  • 3 Min. de lectura
Un doctor dando medicación a un paciente.
El miedo a la dependencia, al estigma o a “sentirse atontado” es frecuente, pero esto se logra aclarar con diálogo y supervisión clínica.

No suele ocurrir en otras consultas médicas. Uno acude al cardiólogo y, si recetan una estatina, apenas hay preguntas. El pediatra indica un antibiótico y, salvo alergias, se compra y se administra. El ortopedista sugiere un antiinflamatorio y nadie se persigna antes de tomarlo. Pero en psiquiatría, la historia cambia: la sola mención de un tratamiento farmacológico puede encender alarmas invisibles, a veces incluso antes de que el médico termine de explicar por qué lo propone.


Ese temor no surge de la nada. Las pastillas psiquiátricas cargan con décadas de mitos, relatos de conocidos, escenas de cine en las que el personaje pierde la chispa tras medicarse, y titulares que insisten más en sus efectos secundarios que en sus beneficios. La conversación pública sobre estos fármacos, muchas veces, se ha centrado más en lo que “pueden hacerte” que en lo que pueden devolverte. Y esa carga simbólica pesa.


No siempre se trata de medicar


Uno de los malentendidos más comunes es pensar que ir al psiquiatra equivale, de forma automática, a recibir una receta. La realidad es que el primer tratamiento no siempre es farmacológico. A veces, la estrategia inicial se apoya en psicoterapia, intervenciones psicoeducativas, ajustes en los hábitos de sueño y alimentación, o en la incorporación de rutinas que mejoran el bienestar.


La medicación es una herramienta valiosa, pero no es la única. Y cuando se utiliza, se hace en función de la situación clínica, la urgencia de los síntomas y los objetivos terapéuticos.


Por qué a veces tememos más a la receta que al diagnóstico


En psiquiatría, lo que se trata no es una rodilla inflamada o una infección visible, sino algo que toca el ánimo, el pensamiento, la motivación. Y cualquier cambio en esos territorios se siente más íntimo, más ligado a la identidad. Por eso, la idea de que un fármaco “pueda cambiarme” despierta inquietudes profundas, aunque el cambio buscado sea justamente recuperar una versión más saludable y funcional de uno mismo.


Curiosamente, no solemos temer de la misma manera a los medicamentos de otras especialidades. Nadie piensa que un antihipertensivo “le cambiará la personalidad” o que un tratamiento para el colesterol “le hará dependiente emocionalmente”. En cambio, en salud mental, la frontera entre el síntoma y quiénes somos parece más difusa, y eso activa temores.


Miedos frecuentes… y cómo abordarlos


Entre las preocupaciones más comunes están el miedo a la dependencia, la idea de que el tratamiento será para siempre o la sospecha de que “me va a dejar atontado”. Algunas personas también temen ser estigmatizadas si alguien ve la caja del medicamento en casa o en el trabajo. Aquí es donde la conversación con el psiquiatra es crucial: explicar qué se busca tratar, cómo actúa el fármaco, que se puede esperar en las primeras semanas y qué señales hay que vigilar.


Un tratamiento bien indicado y supervisado no borra la personalidad; lo que hace es reducir la carga de síntomas para que la persona tenga más margen para enfrentar la vida.


Medicarse no es renunciar a uno mismo


Aceptar un tratamiento farmacológico no significa que se deje de lado la psicoterapia, el autocuidado o el cambio de hábitos.

De hecho, muchas veces el medicamento abre la puerta para que esas intervenciones sean más efectivas. En casos de ansiedad intensa, por ejemplo, la medicación puede reducir el nivel de alerta fisiológica y permitir que la persona participe activamente en terapia sin que el cuerpo esté en modo “alarma” constante.


Acompañamiento de dos personas. Dos personas agarradas de mano.
La medicación no sustituye el autocuidado ni la terapia; muchas veces, facilita que estas sean realmente efectivas.

La decisión de medicarse debería nacer del diálogo, no del miedo. Escuchar, preguntar y aclarar dudas es tan parte del tratamiento como la pastilla en sí. Porque, al final, una caja de medicamento no es un enemigo ni una sentencia de por vida: es una herramienta que, usada con criterio y acompañada de seguimiento, puede ser el primer paso hacia una mejor calidad de vida.

Comentarios


Tel: (809) 692.6491
Wpp: (829) 539.8080

Calle La Esperilla N° 12, 2do nivel

Los Restauradores, Santo Domingo, DN.

bottom of page